La causalidad, la casualidad y el efecto CAU

Escrito por  18 Abr 2018

El movimiento del rabo de las vacas produce lluvia.

Un grupo de ciéntificos, unas vacas y una sorprendente conclusión

 

Érase una vez un grupo de científicos estadounidenses (igualitos a como os los estáis imaginando ahora mismo, con bata y todo) que acudieron a un congreso en el norte de España, de esos de títulos muy largos. Aprovechando los descansos entre ponencia y ponencia para pasear y conocer el entorno rural, los más observadores de nuestro grupo de científicos se percataron de un fenómeno, cuanto menos, sobrecogedor: cada vez que llovía, esos animales parecidos a los toros, y a los que los lugareños llamaban “vacas”, movían el rabo! Así pues, en su afán investigador, y tras no pocas discusiones (en inglés) se apresuraron a formular el siguiente enunciado: “El movimiento de rabo de las vacas, produce lluvia”.

 

Tiempo después, unos quinientos kilómetros más al sur, en Madrid capital, un día de lluvia, de intensa lluvia del mes de marzo, yo leía en un blog moderadamente serio que encontré por internet, que las pacientes de TCA no comían porque querían estar delgadas. (silencio)

 

Causa vs. Consecuencia y la falacia del causa-efecto

 

Es un error, muy habitual, confundir causa con consecuencia, como es un error pensar que el movimiento de rabo de las vacas produce lluvia, o que las pacientes con TCA están enfermas porque no comen.  Por otro lado, estaríamos igualmente equivocados si pensáramos que las vacas son animales mágicos que con sus rabos invocan y provocan la lluvia; es decir, si estableciéramos una relación causal directa entre dos hechos observados simultáneamente.

 

Las causas del TCA son muchas y muy variadas y sí, entre ellas está la presión social por un ideal de belleza heteronormativo. La juventud, la delgadez y la hermosura son cánones estrictos a los que nos vemos sometidos todas y cada una de las personas que componemos la sociedad. Lo paradójico es que, igual que nos vemos sometidos, sometemos, pero ése es otro tema para abordar otro día. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos bebemos de la misma fuente envenenada así pues, ¿por qué atribuir una relación causa-efecto entre la presión por la imagen y el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria? ¿por qué no todos caemos víctimas de esa ponzoña?

 

Porque no es la única causa! Y, al igual que ocurría con nuestros amigos americanos, estamos pecando de reduccionistas cuando decimos que las pacientes de TCA lo son porque no comen, o porque no quieren comer, o porque devuelven, o porque quieren estar delgadas. Y desde el desconocimiento y la desinformación lo que no podemos es ayudar.

 

Si consultamos Google, la nueva biblioteca de Alejandría, no sin cierto temor encontraremos que entre la causas del TCA están, no sólo la presión social, sino que tus familiares tengan TCA o características como el perfeccionismo, el carácter obsesivo, la necesidad de control, la rigidez cognitiva, tener baja autoestima, tener una imagen corporal negativa, la adolescencia (¿?), el sexo (ser chicas se entiende), provenir de un ambiente familiar desestructurado, provenir de un ambiente familiar sobreprotector, haber vivido experiencias vitales estresantes, haber sufrido acoso escolar, practicar determinados deportes como la gimnasia rítmica y el ballet, o desarrollar determinadas profesiones como ser modelo, el sistema de tallaje actual o la existencia de páginas web (denunciables, por otro lado) que hacen apología de la anorexia y la bulimia, etc.

 

Ahora os pregunto: ¿cuántas de las posibles causas de la lista podrían ser consecuencias? Posiblemente más de una, y más de dos…y más de tres.

 

Porque estamos ante modelos tremendamente complejos. Porque tendemos a pensar que la persona con anorexia tiene voluntad de hierro para dejar de comer pero la persona con sobrepeso no puede resistirse al olor de una magdalena. Porque confundimos causa con consecuencia y porque, como digo siempre, no soportamos la entropía y nos encanta establecer relaciones de causalidad, para entender, explicar o anticipar un entorno de por sí impredecible.

 

Es cierto que la sociedad es cruel e injusta con las personas y con lo exige de ellas, pero la sociedad no es un ser en sí mismo, la sociedad la fabricamos nosotros, día a día, tweet a tweet. No podemos decir que la sociedad es mala mientras linchamos a otras mujeres por atreverse a llevar lo que quieren y a ser lo que quieren.

 

Es cierto que el perfeccionismo es un factor de vulnerabilidad en los TCA, pero es cierto también que es consecuencia del mismo, ya que la tiranía de la anorexia obliga a ser de una determinada manera, de una manera muy concreta, y si no se es así está mal, terriblemente mal.

 

Es cierto que la necesidad de control es causa de TCA, pero también es cierto que el papel del control es absolutamente diferente y determinante entre diagnósticos de anorexia y de bulimia.

 

Es cierto que la rigidez es, también, un factor de riesgo, pero no deja de ser cierto que la rigidez y la inflexibilidad son herramientas del trastorno para defenderse a sí mismo cuando comienza a formar parte de la identidad de la persona.

 

Es cierto que el peso es un factor clave y determinante en los TCA, pero pretender que el peso sea la causa fundamental de esta enfermedad es un error de bulto que no deberíamos consentir, ya que ridiculiza a nuestras pacientes y las presenta como caprichosas y superficiales, débiles frente a algo tan vacío como un número en un pantalón. Porque no es un número en un pantalón. No es una 38, ni una 36, ni una 34…y porque si lo fuera acabaría ahí. Pero no lo es, por eso no termina, por eso estos tratamientos se eternizan, porque no estamos dando con las causas correctas, porque no abordamos desde la causa, sino desde la consecuencia. Por eso los números son importantes, pero no son siempre el comienzo, ni la causa, aunque sí siempre la consecuencia.

 

¿Y cuáles son las causas, diréis?

 

Veréis. Cuando llueve aumenta la humedad relativa del ambiente. Esto es un hecho. Ahora bien, imaginemos por un momento lo difícil que será volar para una mosca, por ejemplo, en situaciones de lluvia o de “inestabilidad atmosférica”, teniendo que aguantar en sus pequeñas alitas el peso de las moléculas de agua. Agotador, ¿verdad? De ahí que se posen en mayor número y con mayor frecuencia en el lomo de las vacas que, instintivamente, moverán sus rabos para espantarlas…como hace el diablo cuando se aburre. Entonces no es que el movimiento de rabo de las vacas produzca lluvia, es que la lluvia produce, por medio de otros factores que no estamos teniendo en cuenta, que las vacas muevan el rabo. Lo que parece causa, es la consecuencia.

 

Y esto ocurre muchas veces, en muchos aspectos de la vida y, desde luego, también en el abordaje y tratamiento de los TCA.

 

Abordar el tratamiento de los TCA desde el peso no servirá en muchos casos. Abordar las diferencias entre los distintos cuadros y la evolución entre unos y otros en función de las conductas que realicen las pacientes no servirá. Situar las diferencias entre un trastorno y otro en función de porcentaje de peso perdido, purgas por semana etc. no servirá, y no está sirviendo, porque no es la causa. Las causas son otras. ¿Cuáles? Preguntábamos. Pues en eso estamos. Son muchas las investigaciones, aunque no tantas como nos gustaría, que están teniendo en cuenta lo que conocemos como factores transdiagnósticos (identificar aspectos comunes entre distintos trastornos relacionados con los estilos y patrones de pensamiento, las creencias, las emociones y las conductas). ¿Qué pensaríais si os animara a plantearos las similitudes entre una anorexia nerviosa y un trastorno obsesivo? ¿y si os dijera que esas similitudes son mayores y más profundas que las que se observan entre diagnósticos de anorexia y bulimia nerviosa? ¿y si prestamos más atención a las comorbilidades? ¿y si entendiéramos las conductas típicas de los TCA como conductas compulsivas o impulsivas? ¿cuánto podríamos ganar si empezáramos a pensar con algo más de perspectiva, sin dar tantas cosas por sentado?

 

Tenemos mucho que andar aún, y por eso estamos aquí. Para no conformarnos con cómo se han hecho las cosas hasta el momento, para hacernos preguntas, aunque de momento no tengamos todas las respuestas. Para debatir, para cuestionar, para aprender y para entender.

 

Así pues, sólo recuerda que ni las vacas producen lluvia, ni el diablo que espanta moscas produce lluvia, ni la sociedad produce lluvia, ni esa idea que tienes sobre ti misma o sobre el mundo podrá producir lluvia…ni hacerte llorar, nunca más. 

 

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María Sopeña

María es Psicóloga en el Centro de Psicología Álava Reyes e investigadora en el Departamento de I+D del Grupo Álava Reyes (procesos transdiagnósticos en TCA y TOC). Psicóloga Sanitaria, graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, es experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastorno Obsesivo. Máster en Psicología General Sanitaria. Certificada como terapeuta Mindfulness y EMDR por EMDR-Europe. Formada en terapias humanistas y Análisis Transaccional, compagina la práctica profesional con su labor docente dentro del Máster Oficial en Psicología General Sanitaria.

 

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