Modelo Maudsley de afrontamiento familiar

Escrito por  07 Feb 2017

Un trastorno alimentario genera un gran impacto en la dinámica familiar.

Cuando un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) entra en una familia lo cambia casi todo; las relaciones, la comunicación, los hábitos…

 

Las familias suelen llegan a tratamiento muy perdidas, después de innumerables intentos de ayudar a su familiar enfermo, habiendo pasado por varios especialistas, muy asustados por el futuro y agotados de las crisis que se viven cada día en casa.

 

Nuestro trabajo en ese punto es orientarles para que puedan ayudar de manera eficaz a su familiar con TCA, necesitan pautas que sean útiles para lidiar con los síntomas y que a la vez les permitan reducir sus niveles de estrés por la situación.

 

El equipo de Jean Treasure, del Hospital Maudsley de Londres, identificó los estilos de afrontamiento típicos que se dan en los familiares cuando aparece la enfermedad. Cada estilo se corresponde con un animal, para que sea más fácilmente identificable. Son los siguientes:

 

  • Avestruz: A algunos miembros de la familia puede sobrepasarles la intensidad emocional de lo que está pasando en casa, o pueden no estar preparados para afrontar la gravedad de lo que el TCA significa, y evitan tomar conciencia de lo que ocurre (intentando estar mucho tiempo fuera de casa, negando el problema “serán cosas de la edad”…). Esta actitud a la larga empeora las cosas; mientras que no se mira de frente al TCA para ponerle solución, los síntomas siguen creciendo y el mundo interno del enfermo/a se hace cada vez más complejo en torno a la enfermedad.

 

  • Medusa: Al contrario que el avestruz, el familiar medusa se sumerge en el problema y empatiza tanto que muestra elevados niveles de emocionalidad y estrés. Tiene las emociones propias a flor de piel, y dada la complejidad de esta enfermedad, esto se traduce en altos niveles de tristeza, rabia, culpa, miedo… El estilo medusa tampoco ayuda, la persona con TCA siente culpa por ver a sus familiares sufrir así, y se refugia en el problema. Formando así un círculo vicioso.

 

¿Cuál es entonces el nivel adecuado de emocionalidad?

 

  • San Bernardo: Imaginad cómo se aproximaría un san Bernardo a una catástrofe. Lo haría de forma calmada, segura, empática, brindando la ayuda pero sin invadir, de forma cálida y reconfortante. Mantener la calma, la serenidad, ser consistentes y compasivos con el familiar enfermo son piezas clave en el proceso de curación.

 

 

 

Los investigadores del Maudsley encontraron otros estilos, relacionados con el nivel de orientación y directividad:

 

  • Rinoceronte: El curso de curación de un TCA no es lineal, tiene altos y bajos, avances y retrocesos. Esto a veces genera frustración e impotencia en los familiares, lo que les lleva a reaccionar en ocasiones con malas caras, amenazas o culpabilizaciones del tipo “si nos quisieras no estarías así” o “no pones de tu parte”. El rinoceronte trata de persuadir y convencer a través de la argumentación, como si pretendiera aplastar con la lógica las conductas y creencias del TCA. Este estilo de afrontamiento suele generar guerras de poder, y la persona con el problema recurre al arma con la que gana siempre, el síntoma. Otro círculo vicioso negativo se pone en marcha.

 

  • Canguro: En este estilo de afrontamiento el familiar canguro se adapta, juega al juego de la enfermedad (“con tal de que coma algo, lo compro todo light”) y sobreprotege a la persona enferma. Estos esfuerzos bienintencionados acaban teniendo el efecto contrario; por un lado “permitir” los síntomas funciona como mantenedor del TCA, y por otro, esa atención y sobreprotección a la persona que tiene el problema puede funcionar como beneficio secundario y dificultar la motivación al cambio.

 

  • Terrier: Como he comentado al principio, las familias llegan muy cansadas a tratamiento y esto les puede llevar a veces a criticar duramente las conductas de su familiar enfermo. La persona con TCA puede llegar a sentirse tan presionada que se ponga a la defensiva generando nuevas situaciones de conflicto. Además, este estilo de afrontamiento potencia la autocrítica en la persona enferma, lo que aumenta sus sentimientos de culpa e ineficacia, haciendo que se refugie en el síntoma, volvemos al círculo vicioso.

 

Entonces, ¿cuál es el punto justo de dirección y control?

 

  • Delfín: El delfín acompaña a quien nada a su lado, a veces nada delante y otras al lado. A veces sólo está presente, y otras empuja con suavidad o remolca. Esta es la actitud ideal, ya que el cambio tiene que hacerlo la persona que tiene el problema. El papel de la familia es el de marcar los límites de manera firme pero calmada, acompañar y motivar a lo largo del proceso. Ser conscientes de que los altibajos son parte del proceso puede ayudar a conseguir esa actitud.

 

 

La familia es clave en la recuperación. Para ser una buena ayuda para tu familiar enfermo tendrás que sacar al San Bernardo y al delfín que llevas dentro.

Para terminar este post, os dejo una frase del equipo del Maudsley sobre la importancia del apoyo familiar en la curación en la que creo firmemente y  que siempre comparto con pacientes y familiares:

                                  

“Solo tú puedes hacerlo,

pero no puedes hacerlo solo”

           

Bibliografia

 

  • Treasure, J., Smith, G & Crane, A. (2011)  Los Trastornos de la Alimentación. Guía prácica para cuidar de un ser querido. Ed. Desclée de Brouwer.
  • The Succeed Foundation (2011) How to care for someone with an eating disorder (DVD).
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Gema García Marco

Psicóloga General Sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud.

Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastornos de Personalidad. Terapeuta EMDR. Formación Avanzada Terapia Familiar Sistémica.

Twitter: @gemapsico

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Web: www.titca-trastornosalimentarios.com

Colaboradores

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