¿Es la comida la sesión de psicología más barata del mundo?

Escrito por  10 Abr 2017

Mucha gente me pregunta por qué soy tan crítica con algunos mensajes que se transmiten en los medios y que aparecen en publicidad, como por ejemplo el que encabeza este post. El comentario general es “no es para tanto”. Yo creo que si lo es, y espero que al final de este post mucha más gente entienda porque lo considero tan importante.

 

Los trastornos de alimentación y la obesidad son patologías de origen multicausal, y está ampliamente demostrado que los factores socioculturales son un factor de riesgo. La publicidad y los medios tienen un papel fundamental como transmisores de valores en una sociedad: estamos constantemente expuestos a sus mensajes y lo que aparece en ellos acaba considerándose lo normal o incluso lo deseable ( sea una imagen que nos venden como ideal o una conducta a realizar). La influencia de la publicidad es rápida, acumulativa y mayoritariamente inconsciente, por lo que hacer consciente el mensaje que esconde, es la única manera de poder filtrarlo.

 

La publicidad busca que consumamos, le mueven los intereses económicos. Nos crean necesidades que no son tales o nos muestran ideales imposibles para generarnos insatisfacción, porque así consumimos más. Nuestra insatisfacción les es rentable. Es difícil estar sano en un ambiente sociocultural tóxico, un ambiente que sacrifica nuestra salud y nuestro bienestar para ganar dinero.

 

El tema se vuelve más retorcido si cabe, cuando confluyen dos tipos de mensajes aparentemente contradictorios, “aparentemente contradictorios” en el mensaje, pero no tanto en el fin que se persigue, ya que nos mantienen en un ciclo de consumo constante.  Por un lado seguimos expuestos a mensajes que nos venden ideales irreales de belleza; nos cuentan que conseguir la extrema delgadez y la “perfección” física es lo que necesitamos para una vida feliz. Y por otro, el ambiente del que nos rodeamos es cada vez más obesogénico; nos bombardean con publicidad de comida basura, y no sólo eso, sino que con cada vez más frecuencia, nos cuentan en la publicidad que cuando nos sentimos mal, comer sus productos nos hará sentir felices (por supuesto eso no es así, pero mejor para ellos, así seguimos infelices y consumiendo).

 

Voy a mostraros algunos ejemplos que han llamado mi atención en los últimos meses:

La revista “Woman” publicó hace unas semanas un anuncio de “Escada” con una modelo que presentaba extremísima delgadez. Esa foto antes de publicarse pasa por muchas manos y nadie paró la publicación de una foto que mostraba un ideal claramente enfermo de “belleza”.

 

 

 

En el otro lado del continuo, están apareciendo campañas publicitarias que normalizan el acto de calmar nuestras emociones con comida, que asocian comida a felicidad o incluso que animan a comer chocolate si tienes un problema en vez de ir al psicólogo. Me preocupa mucho esta situación, ya que las personas que se refugian en la comida pueden caer en las garras de la bulimia o el trastorno por atracón y no darse cuenta de que es un problema grave hasta que sea demasiado tarde, apoyándose en un pensamiento tipo: "si sale en los anuncios, es que es normal, la gente lo hace".

 

Pues lo siento, pero no es tan sencillo. Si tienes un problema o te sientes insatisfecho con tu vida, la solución NO está en refugiarte en la comida.  Analiza qué es lo que no te hace feliz, o lo que te ha causado esa emoción, busca soluciones y resuelve, apóyate en los tuyos (esos son los incondicionales de verdad, NO la comida), y si el problema persiste, pide ayuda a un psicólogo. Pero por favor, no te lances en brazos de la comida como solución a nada, NO es una solución, y puede traerte más problemas.

 

También he visto recientemente unos dibujos animados infantiles en los que Winnie the Pooh cuenta que sueña con atracones de comida y presume de su sobrepeso (“Gordito soy, bien estoy. Así he de seguir”). Aparece en una escena como algo anecdótico pero para mí no lo es. La obesidad infantil es un problema grave que va en aumento, además muchos pacientes de TCA que llegan a consulta en la adolescencia o en la edad adulta empezaron en esto con atracones en la infancia. Si un niño sueña con atracones es un indicativo de un problema grave, y hay que buscar ayuda profesional. No es algo normal ni saludable, aunque le ocurra a Winnie the Pooh.

 


El retoque digital de las fotografías es otro tema que habría que replantearse. Está demostrado que la exposición repetida a ideales de belleza irreales puede repercutir gravemente en la autoestima de población vulnerable, y los medios siguen retocando las fotografías hasta una supuesta perfección absolutamente irreal e imposible de conseguir. En Francia ya se ha aprobado una ley por la que las fotos retocadas deben avisarlo, y creo que sería un primer paso para proteger a esa población de riesgo y a nuestra sociedad en general. Puedes leer más medidas que se han tomado en distintos países en el post Ángeles y Demonios.

 

 

Por todo esto me hago eco de este tipo de prácticas (a mi manera de entender, negligentes) porque la mayoría de las veces el mensaje pasa desapercibido.

 

Creo que psicoeducar es proteger, y mi deseo es que cada vez más gente desarrolle espíritu crítico para poder filtrar los mensajes que recibe cada día y protegerse. Gema García Marco

 

Si quieres saber más, no te pierdas este vídeo:

 

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Gema García Marco

Psicóloga General Sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud.

Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastornos de Personalidad. Terapeuta EMDR. Formación Avanzada Terapia Familiar Sistémica.

Twitter: @gemapsico

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Web: www.titca-trastornosalimentarios.com

Colaboradores

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