La Docena Sucia de la imagen corporal

Escrito por  06 Jun 2017

Cuando miras tu cuerpo, tu mente podría estar engañándote.

Se acerca el verano y para las personas que tienen un trastorno alimentario eso significa que se acerca la época más complicada del año en la relación con su cuerpo. En el post de hoy os voy a hablar sobre “Imagen Corporal” y algunas herramientas para que os manejéis mejor con ella.

 

Las personas con problemas de imagen corporal se cuentan la realidad pasándola por un filtro que está distorsionado.

 

Existen nada más y nada menos que 12 tipos de filtros distorsionados diferentes, les llamamos “La Docena Sucia”. Vamos a conocerlos y aprender a desactivarlos.

 

  1. La Bella o la Bestia. Se caracteriza por pensamientos polarizados que no aceptan términos medios: “O peso lo que quiero, o estoy gorda”, “si no soy el mejor, soy el peor”.
  • Recuerda que no todo es blanco o negro, piensa en una escala de 1 al 10.
  • Sal a la calle y fíjate en la cantidad de personas diferentes que hay y que no pertenecen a ninguno de los extremos de la escala.

 

2. El Ideal irreal. Consiste en evaluar tu apariencia comparándote con los ideales que la cultura y la sociedad imponen: “Debería parecerme a X  modelo”.

  • Deja de leer revistas de moda y de seguir perfiles en RRSS de personas con las que te compares.
  • Busca nuevos referentes, personas que tengan una belleza real y saludable, o personas a las que admires por otras cosas que no sean el físico.

 

  1. Comparación injusta. Se trata de compararte con gente que tiene las características que a ti te gustaría tener, y llevar el foco sólo a eso: “Debería ser tan alto, o tan musculoso como X”, “esta persona me hace sentir fea”.
  • Detecta cuándo y dónde te comparas más (por la calle, en el metro…) y busca otras cosas hacia las que puedas llevar el foco de tu atención; un libro, el paisaje…
  • El plan A es no compararte, pero si te comparas, intenta hacer una comparación justa, buscando algo en lo que tu salgas ganado: “Esa chica tiene las piernas que me gustaría tener, pero me gusta más mi color de pelo”.

 

  1. La lupa. Observas de manera detallada sólo las partes que no te gustan de tu cuerpo, y llevas el foco a ellas todo el tiempo: “Mis caderas son tan horribles que destruyen todo mi aspecto”.
  • Si te descubres delante del espejo focalizando en algo que no te gusta y hablándote mal, dedica un tiempo equivalente a hacer algo agradable por ti a modo de reparación.
  • Durante el día lleva el foco de tu atención a otras cosas que no sean esa parte del cuerpo, no te toques, no te midas, no te compruebes…

 

  1. La mente ciega. Minimizas o ignoras cualquier aspecto positivo de tu cuerpo o apariencia: “Me dices que me ves muy guapa, pero lo dices por quedar bien”.
  • Acepta los comentarios positivos sobre ti con un simple “gracias”, no los niegues ni minimices.
  • Dedica tiempo a cuidar aquellas partes de ti que te gusten, o que no te desagraden.

 

  1. La fealdad radiante. Se trata de empezar a criticar una parte de tu cuerpo, seguir con otra, pasar a otra… y así hasta que ves mal prácticamente todo de ti: “Qué ojeras tengo hoy, y el pelo se me ha quedado horrible, claro es que con esta cara…, y qué brazos más gordos me hace esta camiseta…”
  • No pases mucho tiempo delante del espejo
  • Prepárate la ropa el día de antes y no te cambies de ropa más de dos veces

 

  1. El juego de la culpa. Culpas a tu cuerpo de cualquier cosa que va mal en tu vida: “mi pareja me ha dejado por culpa de mi cuerpo”.
  • El juego de la culpa a veces funciona como evitación (me es más fácil echar la culpa al cuerpo que conectar con que he hecho algo mal o aceptar que a veces pasan cosas en la vida que no puedo controlar), así que estaría bien que te preguntes: ¿Qué factores han podido contribuir a que esto haya pasado? ¿Dependía de mí? ¿Podría haber hecho algo diferente? ¿Era mía toda la responsabilidad?

 

  1. La desgracia reveladora. En este caso echas la culpa al cuerpo de desgracias futuras: “seguro que no me darán el trabajo porque soy fea”
  • Esta forma distorsionada de pensar puede funcionar como profecía autocumplida (que vayas tan insegura a la entrevista que no te den el trabajo y pienses que ha sido porque eres fea) o bloquearte y que ni siquiera lo intentes.
  • Busca qué está en tu mano hacer para que aquello que temes salga lo mejor posible: ¿Cómo puedo preparar la entrevista? ¿está mi currículum ajustado al puesto de trabajo?...

 

  1. La mente que lee mal. Crees que puedes interpretar lo que los demás piensan de tu cuerpo: “Seguro que piensan que este pantalón me queda fatal”.
  • Recuérdate que la lectura de mente suele ser una proyección en la mente del otro de lo que tú piensas de ti mismo/a.
  • Date cuenta que la gente no está tan pendiente de los cuerpos de los demás como tú lo estás. Tú estás pendiente de ti, no los demás.

 

  1. Belleza limitadora. Se caracteriza porque pones condiciones relacionadas con el cuerpo que limitan tu vida diaria: “si no pierdo 2kg, no iré a la playa”.
  • No dejes que la apariencia física limite tu vida, póntelo fácil (si no te ves seguro/a para ponerte el bikini o el bañador ve con un vestidito a la playa o una camiseta) pero ve. Hazlo. No te autolimites

 

  1. Sentirse feo/a. Pones en marcha este filtro cuando crees que lo que sientes es una realidad absoluta: “como me siento horrible, es que lo soy”.
  • Recuerda que cuando sentimos emociones intensas, vemos la realidad desde ahí y no somos objetivos. No te fíes de como ves el mundo (ni a ti mismo/a) en este momento.
  • Anota los comentarios positivos que recibes durante algunas semanas, seguro que descubres que muchos desconfirman la realidad que tú sientes (y si puedes, haz un mural con ellos).

 

  1. Reflejo del mal humor. Consiste en traspasar emociones difíciles, cansancio, mal humor… al cuerpo. ¿Te ha pasado alguna vez que un día te ves bien, y al día siguiente fatal? Lo más seguro es que haya emociones no gestionadas, cansancio o inseguridad entre tú y el espejo.
  • Pregúntate: ¿Qué puede haber hoy entre yo y el espejo? Escucha tus necesidades. Si es cansancio, descansa. Si es una emoción no resuelta, resuelve o descárgala. Si es mal humor porque has tenido un día difícil, mímate un poco, espera a mañana y no te fíes de cómo te ves hoy.

 

Y sobre todo recuerda que estas nuevas maneras de manejarte con tu cuerpo no son “recetas mágicas”, ponlas en práctica de forma constante, es la única manera de generar nuevos hábitos.

 

¡Te deseo un verano lleno de respeto y cuidado hacia ti mismo/a!

 

Bibliografía

 

Bell, L. & Rushforth, J. (2010). Superar una imagen corporal distorsionada: un programa para personas con trastornos alimentarios. Madrid. Alianza editorial. 

Raich, R. (2010). Imagen Corporal. Conocer y valorar nuestro cuerpo. Madrid, Pirámide.

 

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Gema García Marco

Psicóloga General Sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud.

Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastornos de Personalidad. Terapeuta EMDR.

Formación Avanzada Terapia Familiar Sistémica.

Twitter: @gemapsico

Facebook: www.facebook.com/gema.garciamarco

Web: www.titca-trastornosalimentarios.com

Colaboradores

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