Las habilidades terapéuticas en TCA y el efecto Telefunken

Escrito por  06 Mar 2018

¿Qué es lo que más te ha ayudado en terapia?

Érase una vez un psicólogo que, tras casi dos años de exitosa terapia, y en la última sesión, preguntó a su paciente: “¿qué es lo que más te ha ayudado?”.

 

El psicólogo esperaba, con esta pregunta, averiguar qué técnicas de todas las que utilizaba eran las más útiles, y cuáles, las que menos. En dos años les había dado tiempo a mucho, incluso se había trabajado técnicas de abordajes que no pertenecían necesariamente al suyo. Cuál fue su sorpresa cuando su paciente respondió: “¿Te acuerdas aquel día que entró una abeja por la ventana?”.

 

¡Y claro que se acordaba! Se acordaba perfectamente de cómo se había levantado de un salto de la silla y de cómo el paciente había tenido que ahuyentar al abejorro entre risas...

 

El paciente prosiguió: “Para mí aquello fue un cambio decisivo, porque hasta entonces te veía como alguien perfecto. No confiaba del todo que pudieras entenderme, al fin y al cabo, tú no estabas pasando ni habías pasado por lo mismo que yo. ¿Cómo podrías ayudarme? Sin embargo, viéndote como a alguien con quien identificarme, pude abrirme y empezar a confiar. Todo empezó a encajar

 

Y es que en ninguna facultad te enseñan que levantarte de un salto cuando se aproxima una abeja sea una técnica eficaz, pero así fue...en este caso. Es más, fue determinante. Por eso es importante contar esta historia (escrita originalmente por Frielander). Porque a veces el éxito terapéutico no se debe tanto a las técnicas que utilicemos, como al vínculo que creemos con el paciente. Nunca encontraremos dos procesos iguales ni dos pacientes iguales; por eso, saber entender qué necesitan de nosotros, es fundamental en el tratamiento de los TCA.

 

Esto no es algo que haya descubierto nuestro psicólogo con fobia a las abejas. Distintos estudios (Antonio y Cooper, 2013; Simonds y Spokes, 2017), confirman que la calidad de la alianza terapéutica explica la mayor parte del éxito en la intervención. Aún así, es conveniente recordar la importancia de aportar formación especializada y de emplear métodos eficaces en el tratamiento procurando, además, conseguir alcanzar un consenso entre los objetivos y tareas planteados en terapia, como evidencia la literatura al respecto.

 

Visto esto queda preguntarnos: ¿cómo podemos lograr una adecuada alianza? ¿Dejando abiertas las ventanas? ¡¡Ojalá fuera tan fácil!! Afortunadamente, la literatura científica nos deja las siguientes recomendaciones, que conforman lo que llamamos “habilidades del terapeuta”.

 

Las emociones del terapeuta en sesión y el “efecto Telefunken”

 

Mucho se ha escrito sobre las habilidades terapéuticas, como tema general, pero poco se habla sobre la gestión de las emociones del propio psicólogo en sesión, emociones que pueden influir, como vemos, de un modo determinante en la Alianza Terapéutica.

 

El tratamiento para los TCA supone un desafío para los dos actores principales: psicólogo y paciente. Si bien ambos reman en la misma dirección, muchas veces a los psicólogos nos puede parecer que los pacientes se resisten, que nos desafían o que no avanzan como nos gustaría. Esto es frustrante para las dos partes, por eso es interesante no dejarnos llevar por esa frustración y, sobre todo, no transmitirla al paciente. Porque ¿quién se siente más frustrado cuando no funciona la terapia?. ¿Y cómo reaccionamos cuando nos sentimos frustrados?.

 

Los seres humanos somos criaturas extraordinarias...pero entre nuestras muchas cualidades no está la de tolerar bien la frustración ni la incertidumbre. Detestamos la “entropía” (la tendencia natural de las cosas al caos), y que algo no salga como “a mí me gustaría” es ciertamente frecuente, y frustrante. ¿Y qué hacemos las personas cuando las cosas no salen?. ¿Qué solemos hacer en general?. Haced memoria. ¿Qué hacemos cuando se estropea algo en casa y no sabemos arreglarlo? ¿Qué hacemos cuando nos dejamos llevar por la frustración, el desánimo, el hastío o por la sensación de que nos superan los acontecimientos? Lo normal: reaccionar del único modo que conocemos. Llamo a esto el “efecto Telefunken”.

 

Este efecto es muy común (menos en el colectivo de psicólogos, donde no se observa nunca ni en ninguna circunstancia, y menos aún en los psicólogos que nos leen, pero por si acaso…). Seguro que casi todo el mundo ha tenido vida antes de las teles planas. ¿Os acordáis, verdad? Esas teles que apenas se podían transportar entre dos personas y que se arreglaban...a golpes. Eso, por cierto, era todo un arte; dependiendo de la avería el golpe había que darlo en un lado, arriba, o, para estar muy seguros de que se arreglara, por la parte de atrás. Igualmente se golpeaba preventivamente el mando a distancia teniendo mucho cuidado de machacar especialmente la zona de las pilas.

 

Hoy, en 2018, a nadie se le ocurriría levantarse del sofá para aporrear una tele de plasma nuevecita e infinita. ¿Por qué hacemos esto? ¿Acaso entre las especificaciones técnicas de las Telefunken se indicaba que debían arreglarse así? ¿Por qué las Telefunken sí y las nuevas no? ¿Realmente funcionaba ese método? Algunos dirán que sí, que a golpes y a patadas se arreglaban los televisores antiguos (y algunos ordenadores actuales), pero que es por eso, porque eran antiguos y aguantaban de todo. Ahora bien, sin ser ingeniero, creo que puedo asegurar que eso no es del todo cierto.

 

Y eso pasa a veces en terapia, sobre todo pasa en terapia con casos de TCA. Algunas personas insisten en justificar, debido a la potencial cronicidad y resistencia del trastorno, algunas conductas del terapeuta que no son sino manifestaciones de sus propios problemas y frustraciones. Es cierto que los tratamientos en estos trastornos son largos y complejos, ya que, entre otras razones, los síntomas pueden llegar a formar parte de la identidad de la persona, generado un comprensible miedo al cambio; pero esas no son razones que excusen intervenciones bruscas o insensibles, que se organizan en base a la generalidad de una etiqueta diagnóstica en vez de adaptarse a lo que cada persona necesita. Porque a veces a los psicólogos nos da miedo caer en paternalismos, cuando pensamos que eso no les ayudará, cuando no nos damos tiempo a darnos cuenta que igual lo que necesita es tan simple (y tan difícil) como que entre una abeja por la ventana….

 

¿Cómo conseguir trabajar las emociones del paciente y no las mías?

 

¿Y qué podemos hacer para no dejarnos llevar por ese “efecto Telefunken”? (entiéndase que no nos referimos a golpes reales) ¿qué herramientas tenemos para intentar trabajar con la misma delicadeza con que trabajaríamos con cualquier otro paciente?

 

En primer lugar, la paciencia. Se recomiendan altas dosis de paciencia y, ojo, paciencia también con nosotros mismos. Si nos exigimos obtener información especialmente difícil en una sesión determinada, o conseguir un objetivo concreto sin aceptar los pasos atrás, podemos transferir esa exigencia a una paciente que quizá no esté lista en ese momento. Acompañamos, pero no empujamos, como tampoco nos empujamos a nosotros mismos.

 

Ésta es la segunda clave, la limitación de objetivos. Es importante en terapia ajustar las expectativas, nuestras y del paciente, a la realidad. Nuestras porque debemos tener en mente los objetivos que trae el paciente (siempre que no atenten contra su salud) y, suyas, porque va a ser un camino que recorreremos juntos y en el que tenemos que sentirnos cómodos los dos. Igual que no empujamos, no tiramos de nadie.

 

Conocer el historial de tratamientos anteriores. Si sabemos qué ha fallado, no sólo a nivel teórico o técnico, sino que ha fallado con respecto a la alianza terapéutica, tendremos mucho ganado. No temas preguntar y no temas responder sobre cómo trabajas.

 

Respetar y acompañar, sobre todo al principio, a la distancia que se nos permita estar. Una buena estrategia podría ser generar espacios de libertad para hablar más que guiar. Podemos, a este respecto, realizar preguntas indirectas (preguntando por la sensibilidad dental a alimentos fríos o calientes), hipotéticas, en tercera persona, o de elección entre varias opciones. Nuestra labor es acompañar, y a todos nos cuesta más trabajo avanzar si no nos dejan espacio para caminar o para pararnos cuando necesitamos coger aire.

 

Ser flexibles y demostrar auténtico cariño y preocupación. No es infrecuente encontrar modelos que censuran las expresiones de cariño y aceptación considerándolos “poco profesionales”, pero lo que no es tan raro es que precisamente lo dicen los mismos que arreglan las televisiones a golpes. Las pacientes con TCA no lo aguantan todo, ni merecen menos que nadie. No son una televisión Telefunken y tienen derecho a merecer y necesitar el mismo cuidado y cariño que cualquier otro paciente, porque no son su trastorno, y esto es importante recordarlo. Igualmente, es importante recordar que la familia es un elemento fundamental en muchos casos. De nada nos sirve demostrar el mayor de los cuidados en terapia si en el hogar se encuentran desbordados y el único método que conocen para “arreglar las cosas” es el método Telefunken (sin pensar, desbordados por la frustración momentánea, diciendo cosas de las que luego se arrepienten y que no dirían jamás a otra persona)

 

Ser y demostrar. Necesitan terapeutas capaces y terapeutas que parezcan capaces. Debemos demostrarles confianza y seguridad. Para ello debemos darnos permiso a nosotros mismos como psicólogos para establecer límites que nos permitan contener y proteger. Igualmente, debemos darnos permiso para ser claros y honestos con los pasos que vayamos a dar y con lo que pueden esperar de nosotros. Si vamos a acompañarles en el camino, tienen que tener claro que nosotros sabemos por dónde hay que ir, aunque sepan que son ellas las que tienen que recorrer el camino.

 

Autenticidad, generosidad y profesionalidad  son los 3 pilares básicos sobre los que construir una sólida relación terapéutica así que, abrid bien los ojos y recordad que, por fácil que parezca, la solución del método Telefunken no funciona siempre. No respondamos desde la frustración, sino desde la honestidad. Acoge, recoge, confronta, apoya, estimula. Recuerda que debes tratar a las cosas, y a las personas, no como te sientes tú, sino como son las cosas... y a veces la fragilidad no es algo tan evidente a la vista.

 

Bibliografía

 

Bados López, A., & García Grau, E. (2011). Habilidades terapéuticas.

Cruzat-Mandich, C., Díaz-Castrillón, F., Kirszman, D., Moncada Arroyo, L., Aspillaga Hesse, C., & Behar Astudillo, R. (2017). FASES DE LA ALIANZA TERAPÉUTICA EN LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 26(2).

Cruzat, C., Aspillaga, C., Behar, R., Espejo, L., Catalina, M., & Gana, C. (2013). Facilitadores de la alianza terapéutica en la anorexia nerviosa:: Una mirada desde la diada terapeuta-paciente. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 51(3), 175-183.

 

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María Sopeña

María es Psicóloga en el Centro de Psicología Álava Reyes e investigadora en el Departamento de I+D del Grupo Álava Reyes (procesos transdiagnósticos en TCA y TOC). Psicóloga Sanitaria, graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, es experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastorno Obsesivo. Máster en Psicología General Sanitaria. Certificada como terapeuta Mindfulness y EMDR por EMDR-Europe. Formada en terapias humanistas y Análisis Transaccional, compagina la práctica profesional con su labor docente dentro del Máster Oficial en Psicología General Sanitaria.

 

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Colaboradores

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