Suficientemente bueno y suficientemente saludable

Escrito por  04 Dic 2018

No seas perfecto/a, hazlo suficientemente bien.

Sobre lo suficientemente bueno

 

Para Donald Winnicott (1896-1971), pediatra y psiquiatra psicoanalista británico, la madre perfecta no existe, afortunadamente, porque si existiera el resultado no sería nada bueno para el hijo ni para la madre. Si la madre cubriera siempre todas las necesidades del bebé, no habría posibilidad de que este se individualizara y quedarían ambos atrapados por una relación simbiótica. Si una mujer al ser madre, dejara de lado todo lo demás; como la pareja, otros hijos, aficiones, sus carencias, para responder a cada una de las necesidades del bebé en el momento mismo en el que asoman, en ese bebé no surgiría la curiosidad, el empuje y coraje, la frustración, el deseo de conocer… Por no hablar del sobre coste físico, emocional y psicológico que tendría para la madre y el resto del entorno.

 

Por ello, Winnicott, propone la idea de “madre lo suficientemente buena” que es la que es capaz de adaptarse a las necesidades del bebé interpretando sus señales y ofrece una crianza adaptada al bebé, desde su realidad y sus circunstancias. No obstante, también cree, que la madre también es foco de frustración de ese bebé; frustración por otra parte necesaria para conectarse con la realidad y para desidentificarse de la madre. Este proceso es paulatino y se da en un entorno en el que la mayoría de las veces la madre responde adecuadamente a la necesidades de bebé; por otra parte, que se den situaciones en las que esto no ocurra, que se cometan errores, no tiene porqué dañar al desarrollo del bebé. De hecho, los errores son una gran fuente de información.

 

También me gustaría añadir, que posteriormente Winnicott puntualiza que es más importante la función de “maternaje” que la persona que la realiza, que lo importante es que se provea al bebé del ambiente y los cuidados necesarios, que se faciliten las circunstancias para procurar tanto el crecimiento como el desarrollo emocional del bebé.

 

Pero pese a esta introducción, no pretendo hablar de crianza ni maternidad, sino de alimentación y hábitos saludables, usando el paralelismo entre la idea de Winnicott de “madre suficientemente buena” con una idea que me ronda hace tiempo; la de “un estilo de vida suficientemente bueno”.

 

Sobre lo suficientemente sano

 

Así como un bebé no posee una entidad psíquica para discernir la realidad ni para diferenciarse de su cuidador, una persona con trastornos de alimentación tampoco; (entendiendo trastorno de alimentación de una manera muy amplia, incluyendo un mal manejo de la comida que genera malestar, aunque clínicamente no suponga un diagnóstico como tal), en algunos casos hay una falta de integración de las sensaciones de hambre , en otros se identifica el hambre aunque se asocia a que se va a engordar y la persona lo aguanta.

 

Una relación enrarecida y problemática con la comida no se elige, normalmente es un mecanismo de defensa más, producto de experiencias previas vividas, de estilos de crianza y educativos, del entorno social en el que estamos inmersos, así como de maneras de relacionarnos con la comida.

 

Hace falta algo más que cambiar los tipos de alimentos y las cantidades que ingerimos para aprender a relacionarnos con la comida y con nuestra dimensión corporal de otra manera. Los nuevos alimentos no acallan la exigencia, los hábitos automáticos, las críticas, las emociones incómodas, ni llenan vacíos ni aburrimientos.

 

Por eso se me ocurrió que con la alimentación y los hábitos saludables pasa algo parecido que con la crianza, hay que alejarnos de la exigencia y de la perfección, e intentar llevar una alimentación lo suficientemente saludable. Este suficientemente saludable se conformará en función de la disponibilidad de cada persona, del presupuesto con el que se cuente, la accesibilidad a determinados alimentos, el nivel de conciencia corporal y conocimientos sobre nutrición y un largo etcétera. Todo este proceso no es evolutivo y vivo. Se irá integrando e incorporando en la medida de todas esas variables.

 

Al igual que una madre suficientemente buena no se sobre exige ni se culpa por cada error, un estilo de vida lo suficientemente sano no debería vivirse así tampoco.

 

Si hubiera un entorno facilitador y estimulante, al igual que con el bebé, cada persona sería capaz de ir integrando los hábitos lo suficientemente saludables que se viera capaz de asumir y cambiar en ese momento. Viviendo ese proceso sin exigencia ni culpa, y siendo capaz de salirse del enfoque dicotómico de: o bien como fatal, no me tengo en cuenta, no me conozco y no me cuido nada, o bien tengo que cuidar todo lo que como, y proceder con todo de manera sana.

 

Por el contrario, nos encontrarnos en un entorno marcado por:

 

  • La influencia de un publicidad obesogénica, invitando continuamente al comer emocional, asociando bienestar con consumir ciertos productos, ofertando alimentos ultraprocesados como sanos, etiquetado de alimentos poco claro…
  • Ausencia notable de una educación nutricional, basada en evidencia científica, más que en la cultura popular, mitos…
  • Cada vez más falta de tiempo y conocimiento para elegir alimentos de temporada y locales, para cocinarlos adecuadamente…
  • Uso de distracciones electrónicas en la mesa.
  • Uso de la alimentación para acallar emociones incómodas, cuando no acallar literalmente a los hijos.
  • Hábitos alimenticios basados en la costumbre familiar o social y no en las necesidades individuales.

 

Por todo lo anterior y otras variables, adquirimos hábitos y estilos de vida que nos enferman, o nos hacen sentir incómodos, física o emocionalmente. Llegados a este punto, la alimentación se convierte en una obsesión, entramos en “modo dieta” y llevamos ahí toda la atención, a la comida, qué comer, cómo comer, si es sano, si es real, si es procesado. Seguiremos retroalimentando el relacionarnos con la comida disociando las sensaciones corporales de hambre. Tratando de nutrirnos desde reglas, lo permitido y lo que no, lo bueno y lo malo, lo procesado o lo real, si engorda o no, lo que tenemos que conseguir…

Este panorama desemboca en restricciones, rigidez, insatisfacción, miedo a ciertos alimentos, culpa, vergüenza…

 

Buscando obsesivamente un estilo de vida sano, a veces, se acaba perdiendo la salud.

 

Entonces ¿Qué hacer?

 

Para un proceso de recuperación es necesario aceptar: aceptar limitaciones, pequeñas recaídas, vulnerabilidades personales y emociones desagradables. Y para aceptar, antes hay que entender y conocerse a uno mismo.

 

Igual que un bebé necesita cuidadores lo suficientemente buenos para desarrollarse, una persona con malos hábitos alimenticios, necesitará profesionales lo suficientemente buenos que entiendan, aporten su saber y guía, que sepan amoldarse a las circunstancias de cada persona, que no juzguen ni critiquen, que entiendan el poder de los pequeños pasos, que sepan graduar y validar cada progreso, que inviten a conectar con las sensaciones corporales, emociones y vivencias de cada persona. Que informen sin aleccionar. Que fomenten la curiosidad en lugar del miedo. Que proporcionen los recursos y respeten el camino adoptado por la persona a la que intentan ayudar, acompañando, invitando sin empujar.

 

Que cada pequeño paso que se dé, sea desde la reconciliación, desde la conexión e integración de la dimensión corporal, desde el autocuidado, el disfrute, la paciencia, la flexibilidad y la confianza. Invitando a experimentar y escuchar las necesidades, para así poder tomar las decisiones lo suficientemente saludables en cada momento y responsabilizándose de ellas.

 

Intentemos ser profesionales lo suficientemente buenos y acompañemos en el camino del autoconocimiento compasivo a otras personas, hacia estilos de vida suficientemente saludables, sin rigideces ni dogmas.

 

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Mamen Bueno

Psicóloga sanitaria. Psicoterapeuta acreditada por la Asociación de Psicoterapia Humanista Integrativa y Counselling de España (APHICE).
Ha trabajado en la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres (CIMTM).
Fue miembro de Comité Técnico de la Estrategia Nacional de Salud Reproductiva y Sexual, del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.
Colabora con la Revista Mente Sana, elaborando artículos de divulgación de contenido psicológico.
Realiza talleres de Mindfulness para diferentes públicos.
Actualmente atiende en el Centro Terapéutico Gaztambide17 de Madrid.
 
Twitter: @Mama_Psicologa
Facebook: Mamen Bueno
Instagram: mamapsicologa

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