El abuso sexual en los trastornos alimentarios

Escrito por  15 May 2019

La infancia robada.

Que la sintomatología alimentaria suele ser la punta del iceberg de problemas subyacentes, es algo en lo que suele haber consenso.

Como sabemos, los problemas de alimentación, de peso y/o imagen corporal van más allá de la fuerza de voluntad, un tipo determinado de dieta, o practicar más o menos ejercicio.

Y que los TCA suscitan un gran interés terapéutico, tanto por su incidencia, (sobre todo en jóvenes) como por la gravedad de sus consecuencias, también estamos de acuerdo.

 

Empecé a ver la relación entre TCA, o conductas alimentarias de “riesgo” o disfuncionales (CAR)  y abuso sexual, desde la práctica, al trabajar con población adulta que había sufrido abuso sexual infantil (ASI), y observar lo habitual que era la sintomatología alimentaria.

 

Teniendo presente la teoría del continuo, propuesta por Nylander en 1971, las CAR se consideran conductas alteradas, pero no lo suficiente, para satisfacer los criterios diagnósticos de TCA. Según esta teoría del continuo, en un extremo se situaría la conducta alimentaria “saludable” y en el otro extremo estaría los TCA. En medio estaría la amplia gama de CAR, como: atracones, seguimiento de dietas restrictivas, abuso de laxantes… todo ellos dirigido a reducir o controlar el peso o volumen corporal. Se puede empezar a pequeña escala, y acabar perdiendo el control.

 

Explico esto, porque me parece relevante a la hora de entender que no siempre la salud mental es entendible de manera dicotómica, se tiene o no se tiene una enfermedad. A veces es más explicable en términos de cuánto de un problema se presenta.

 

Según recoge Save the Children, algunas estimaciones nos dan datos escalofriantes, el 23 por cien de las niñas y un 15 por cien de los niños sufre abusos sexuales antes de los 17 años en España. Y lo más inquietante es que se cree que solo vislumbramos la punta del iceberg: el 80% de los abusos son silenciados por estar producidos dentro del ámbito familiar.

 

El secreto oculto

 

Estadísticamente, la mayor parte de los abusos sexuales infantiles son cometidos en espacios familiares dentro de su entorno y a cualquier hora del día. Basta con tener la oportunidad de quedarse a solas. Eso contribuye a que el abuso se convierta en un secreto del que no se puede hablar ni contar nada. Las niñas y niños que han sufrido abusos sexuales, la mayoría de las veces, no han tenido un desahogo ni reconfortamiento a su dolor, con lo que aprender a reprimirlo.

 

En ocasiones se guarda tanto el secreto, que muchas veces se llega a “olvidar-disociar“ que ocurrió. No obstante, quedan sensaciones o comportamientos para los que la persona no encuentra explicación.

 

El ASI, está asociado a diverso malestar psicológico y/o psiquiátrico a medio y largo plazo, por lo que se puede considerar un factor de riesgo inespecífico de psicopatología.

 

Se ha intentado relacionar con la gravedad del abuso, frecuencia o nivel de parentesco del victimario, no encontrando diferencias significativas. Esto podría deberse a que el trauma tiene un componente social o interpersonal. Cuando sucedió no hubo mirada, acompañamiento, sosiego ni sostén por parte de ninguna figura de apego significativa. El niño o niña vivió soledad profunda, no hubo con quién compartir ese dolor, y si lo hubo, no supo responder a esa necesidad.

 

EL TCA como mecanismo de ajuste psicológico

 

Cuando hablamos de ajuste psicológico, hacemos referencia a la capacidad que tenemos de manejar, afrontar  y adaptarnos los sucesos de la vida cotidiana para mantener un equilibrio emocional, mental y físico. Este equilibrio se puede alterar con cierta facilidad, dando lugar a malestar psicológico o psiquiátrico de diversa índole.

 

Un niño o niña víctima de ASI, crea estrategias de supervivencia que se convierten en conclusiones vitales adoptadas en función de decisiones tempranas buscando encontrar sentido a las heridas infantiles. Esas decisiones tempranas, básicamente tienen que ver con la propia valía, la capacidad de amar y de ser amados.

 

En mi práctica terapéutica, como en estudios más o menos recientes, me he encontrado CAR (o TCA) asociados a victimización sexual. Conductas predominantemente disociativas, en las que se tiende a usar la comida como mecanismo de evitación experiencial; como forma de restablecer el control emocional; como fuente de placer…

 

Aunque todavía no esté claro el vínculo entre ASI y TCA, no puede pasarnos por alto la alta asociación entre ambos. Quizá por lo accesible de la comida, quizá porque comer ha sido la única manera permitida de reconfortarse, quizá como manera de castigar su cuerpo… Sea como fuere, los desórdenes alimentarios pudieron ser una manera de adaptarse a las vivencias estresantes, y, a día de hoy, ser el síntoma que se externaliza como expresión desesperada de un sufrimiento interno, de visibilizar un secreto impuesto.

 

El camino a la curación

 

El reconocimiento de ASI aparece con frecuencia años después. Cuando se dan las circunstancias protectoras y confiables para que emerjan; en ambientes donde la persona siente "permiso" para desvelar el secreto, como suele ser la terapia, aunque se acuda por otro motivo.

 

Al revelar el secreto, es crucial para su mejoría, que las personas se sientan protegidas, entendidas y no juzgadas, y sobre todo creídas. No olvidemos, que la revelación suele hacerse años después.

 

El proceso terapéutico pasa por acompañar a hacer conscientes el dolor asociado al secreto. Cuanto más se hace visible menos poder patológico tiene. De niño se crearon estrategias de supervivencia que de adulto impiden crecer.

 

Los problemas alimentarios surgieron como mecanismo de protección al dolor, usándolos para no sentir.

La sanación pasa por sentir desde el adulto, con las herramientas del adulto, las emociones evitadas de niño. 

No es un trabajo fácil, y puede llevar años.

Tengamos en cuenta que al trabajar con maltrato y abuso, debemos estar preparados para trabajar con sintomatología muy diversa, y también que al trabajar con TCA, hay que tener presente que el síntoma, la mayoría de las veces, es la punta visible del iceberg.

 

No quiero desaprovechar la ocasión para recordar que es nuestro deber y responsabilidad asistir a cualquier niño o niña que sepamos o sospechemos es víctima de ASI. Que nuestro apoyo puede reducir la probabilidad de psicopatología futura y convertirnos en un medio de prevención.

 

Para leer más

 

Losada, A V; Saboya, D. Abuso sexual infantil, trastornos de la conducta alimentaria y su tratamiento. https://www.redalyc.org/pdf/4758/475847410006.pdf

Villarroel Lastra, A M. El abuso infantil y su relación con la sintomatología alimentaria.

https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/5494/amvl1de1.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Vilanova i Salichs, S. Abuso infantil y ajuste psicológico en la edad adulta: Aportaciones del estudio con pacientes con y sin psicopatología alimentaria.

https://www.tesisenred.net/handle/10803/368569?show=full

Save the Children. VV. AA. Abuso sexual infantil: Manual de formación para profesionales.

https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/manual_abuso_sexual.pdf

 

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Mamen Bueno

Psicóloga sanitaria. Psicoterapeuta acreditada por la Asociación de Psicoterapia Humanista Integrativa y Counselling de España (APHICE).
Ha trabajado en la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres (CIMTM).
Fue miembro de Comité Técnico de la Estrategia Nacional de Salud Reproductiva y Sexual, del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.
Colabora con la Revista Mente Sana, elaborando artículos de divulgación de contenido psicológico.
Realiza talleres de Mindfulness para diferentes públicos.
Actualmente atiende en el Centro Terapéutico Gaztambide17 de Madrid.
 
Twitter: @Mama_Psicologa
Facebook: Mamen Bueno
Instagram: mamapsicologa

Colaboradores

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