La magia de un grupo sano en el proceso de cambio

Escrito por  14 Mar 2017

Terapia de grupo, un lugar seguro desde el cual crecer.

Los trastornos alimentarios y la obesidad son patologías complejas y multifactoriales, por lo que tenemos que buscar las causas (y las soluciones) en diferentes áreas: biológica, psicológica, social y familiar. Si perdemos alguna de ellas de vista, la intervención será incompleta. Como respuesta a esta complejidad, existen varias modalidades de tratamiento. Cada equipo de profesionales pueda decidir cuál es la más indicada para cada caso y en cada momento del proceso. Principalmente son tres:

 

  • Tratamiento ambulatorio. En el que las personas con TCA acuden a terapia (psicológica y nutricional) aproximadamente una vez a la semana. En esta modalidad de tratamiento las sesiones se van espaciando según se van cumpliendo objetivos y se afianza la mejoría.

 

  • Hospital de día (HD). Es una modalidad de tratamiento más intensiva, en la cual se realizan en el centro algunas ingestas y el tratamiento se compone de terapia individual (psicológica y nutricional), así como de terapias grupales y visitas psiquiatricas.

 

  • Ingreso. En el que la persona en tratamiento pasa 24 horas en el centro (sea público o privado). También incluye las ingestas supervisadas, así como terapias grupales e individuales.

 

Cualquiera de las tres modalidades puede incluir sesiones de terapia familiar, si el caso lo requiere.

 

En este post voy a hablar del trabajo grupal que se realiza en los tratamientos de hospital de día e ingresos. Decidí escribirlo porque tras más de 10 años trabajando con trastornos de alimentación, todavía me sobrecoge lo potente que es el trabajo en grupo. Por este motivo y porque la experiencia clínica me demuestra cada día que es una de las herramientas más eficaces con las que contamos.

 

Algunas personas que llegan a tratamiento tienen en su historia heridas relacionadas con la relación con sus iguales (bullying, rechazo...) o algún trauma de apego en la infancia,  lo que les genera una gran inseguridad social. Otras, a causa de los síntomas depresivos con los que cursa la enfermedad, o por la baja autoestima, llevan tiempo aislados/as de grupos sociales. Casi todos los casos llegan a tratamiento con una profunda sensación de vergüenza que les lleva a esconder su “verdadero yo” tras muchas máscaras que en teoría les protegen, pero que les hacen sentir muy solos/as.

 

En este punto de partida, el grupo funciona como un lugar seguro donde atreverse a mostrarse sin miedo a ser juzgado, y como un lugar en el que ensayar conductas sociales sanas: asertividad, resolución de conflictos, dar voz a las necesidades, poner límites, regularse en la interacción y otras.

 

Esta semana he preguntado a componentes de mis grupos sobre qué es para ellos/as lo mejor de pertenecer a un grupo terapéutico. Estas son algunas de las respuestas:

 

“Me sirve para reafirmar que estoy mejor. Ayudar a mis compañeros saca mi parte sana a pasear”

 

“Me ayuda a entrenar mi empatía. He aprendido a no juzgar sin conocer”

 

“La experiencia de mis compañeros/as me ayuda a ver que de esto se sale”

 

“Aprendo muchísimas estrategias que han ayudado a mis compañeros que están más avanzados en el proceso”

 

“Ver como mis compañeros/as ponen estrategias en marcha me ayuda a sentirme capaz yo también”

 

“Me siento apoyada y entendida. El grupo es una fuente enorme de apoyo” 

 

“Me muestran su mejor sonrisa cuando tengo un pequeño (o gran) logro, y están ahí ayudándome cuando tengo un tropezón”

 

“El grupo me hace sentir normal, no soy la única que tiene el problema, ni soy rara por tenerlo”

 

“El grupo es como un laboratorio para ensayar, antes de pasar los aprendizajes a tu vida”

 

“En mi caso, la diferencia entre terapia ambulatoria y terapia grupal ha sido como la diferencia entre lavarse las manos o ducharse. El trabajo de grupo es muy potente; siento que evoluciono más rápido porque trabajo de manera más intensa”

 

No obstante, no podemos perder de vista que las personas con TCA  tienen su mente dividida en dos partes; la parte sana y la parte enferma, y ambas se encuentran constantemente en conflicto, como si tuvieran una guerra civil en su cabeza. Sobre todo al principio, la parte enferma es la que “lleva el volante” la mayor parte del tiempo, filtra su forma de percibir el mundo y esa percepción distorsionada de la realidad marca sus conductas y sus relaciones con los demás.

 

Cuando trabajamos con grupos, tenemos que tener en mente la importancia de fomentar las interacciones desde la parte sana de cada uno de los miembros del grupo. Esto tiene un efecto multiplicador y si se consigue, sucede la “magia del grupo sano”:

 

Un grupo "sano" es una fuente de motivación, regulación, apoyo mutuo, validación, fortaleza, y valentía.

Un grupo sano les enseña puntos ciegos y partes de sí mismas/os que no pueden ver. Y es que un grupo sano acoge, no juzga y acompaña.

Un grupo sano lucha unido contra la enfermedad y se alegra por cada batalla ganada, por cada reto conseguido. Cada logro individual es un éxito de grupo.

Un grupo sano ayuda a levantarse al que se tropieza y le acompaña hasta que retoma su camino.

 

El grupo sano es, en sí mismo,

un lugar seguro desde el cuál CRECER.

 

La imagen de portada pertenece a un grupo sano del Centro TITCA.

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Gema García Marco

Psicóloga General Sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud.

Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Trastornos de Personalidad. Terapeuta EMDR. Formación Avanzada Terapia Familiar Sistémica.

Twitter: @gemapsico

Facebook: www.facebook.com/gema.garciamarco

Web: www.titca-trastornosalimentarios.com

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